Técnica de test: decidir, no adivinar

Con penalización calibrada al azar, responder o no es una decisión aritmética. Tenerla resuelta de antemano vale varios puntos.

Última actualización: 9 de agosto de 2026

El examen son 75 preguntas de cuatro opciones con un tercio de penalización por error, repartidas en dos bloques con tiempos separados. Cada una de esas tres características tiene una consecuencia táctica.

La regla de decisión, resuelta antes del examen

Si puedes…ProbabilidadEsperanzaQué hacer
descartar ninguna opción25 %0,00dejar en blanco
descartar una33,3 %+0,11responder
descartar dos50 %+0,33responder
descartar tres100 %+1,00responder

La pregunta correcta no es «¿estoy seguro?» sino «¿puedo descartar alguna?». La certeza es un umbral demasiado alto para una penalización calibrada exactamente al azar puro, y exigirla cuesta tantos puntos como responder a todo sin criterio.

Lo que cuesta un fallo en puntos de nota final

La tabla razona en puntos brutos, que es como se corrige el examen. Pero la decisión se toma sobre el número que de verdad decide, y ahí las cifras son otras. Cada punto bruto de los 75 vale 1/7,5 de la nota de la prueba, y la prueba pesa el 70 % de la calificación: un acierto añade 0,0933 puntos sobre 10.

Un fallo no resta esos 0,0933, sino un tercio de ellos: 0,0311. Y el blanco te deja en cero, sin sumar lo uno ni restar lo otro. La cifra que conviene tener en la cabeza es la distancia entre acertar y fallar la misma pregunta, que es la suma de ambas: 0,1244 puntos de nota final, exactamente cuatro tercios de lo que suma un acierto.

Puesta así, la asimetría se lee mejor. Responder una pregunta de la que has descartado una opción te expone a perder 0,0311 con probabilidad 2/3 y a ganar 0,0933 con probabilidad 1/3: en promedio, +0,0104 puntos de nota final por pregunta. Sobre veinte dudas de ese tipo son dos décimas, y las décimas son la moneda en la que se paga el apto.

Descartar en un examen de derecho

La regla suena abstracta hasta que se aplica al material real. En una pregunta jurídica de cuatro opciones, descartar no exige recordar el artículo: exige detectar que una opción es incompatible con el régimen por el que se pregunta. Y eso ocurre bastante más a menudo de lo que cree quien llega asustado por la penalización.

Los descartes que más rinden son de cuatro clases. El órgano equivocado: la opción atribuye al Decano lo que corresponde a la Junta de Gobierno, o al Consejo General lo que corresponde al Colegio. El plazo imposible: días naturales donde la norma cuenta hábiles, o una cifra ajena a la familia de plazos de ese texto. La naturaleza del acto: se presenta como automático lo que exige resolución motivada, o como discrecional lo que la norma configura reglado. Y el absoluto sin excepción: opciones que dicen «en todo caso» o «nunca» precisamente en materias donde la norma prevé dispensas expresas.

Ninguno de esos cuatro filtros exige seguridad sobre la respuesta correcta, y los cuatro bastan para pasar de cuatro opciones a tres o a dos. Es todo lo que la aritmética necesita para que responder deje de ser una apuesta.

Los dos bloques tienen relojes distintos

50 preguntas en 2 horas para el apartado A: unos dos minutos y medio por pregunta. Y 25 en 1 hora para el B: los mismos dos minutos y medio. El tiempo sobrante del primero no se traslada al segundo.

Terminar antes el apartado A no da minutos extra en el B, así que no hay ninguna razón para apurar: si sobra tiempo en la primera parte, se usa revisando la primera parte. Es un error frecuente y evitable.

El segundo reloj no empieza a una hora fija

Un matiz que conviene tener resuelto antes de sentarse. La convocatoria fija el llamamiento —único, a las 9:00 hora peninsular—, las tres horas de duración total y la primera parte entre las 9:00 y las 11:00. Lo que no fija es la hora de inicio de la segunda: se accede a ella «a continuación» y se cierra una hora después de su comienzo. Circulan horarios concretos para ese segundo tramo que la orden no contiene, y alguno es además incompatible con las tres horas.

La consecuencia táctica es doble. Primero, que el reloj de la segunda parte empieza cuando entras y no se acorta por haber apurado la primera. Y segundo, que el presupuesto de tiempo hay que hacerlo sobre las preguntas que se responden, no sobre las que se corrigen: 56 en el apartado A son 2 minutos y 9 segundos por pregunta, y 27 en el B, 2 minutos y 13. Quien reparta las dos horas entre 50 preguntas se concede unos quince segundos por pregunta que en realidad no tiene.

Las preguntas de reserva

Hay 6 de reserva en el apartado A —las seis últimas— y 2 en el B, todas identificadas. Solo puntúan si el Ministerio anula alguna pregunta tras el trámite de impugnación, sustituyéndola por su orden.

Conviene contestarlas con el mismo criterio. No penalizan de más, no cuestan tiempo apreciable y son la red de seguridad si alguna pregunta cae, cosa que ocurre en cada convocatoria.

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El orden de respuesta

Las preguntas aparecen de una en una y en orden aleatorio, y la plataforma permite avanzar, retroceder y corregir. Eso hace viable una primera pasada rápida respondiendo solo lo evidente y una segunda sobre lo dudoso, que es la táctica que mejor protege contra quedarse sin tiempo.

Sea cual sea el método, decídelo antes y practícalo en simulacros. El examen no es el momento de experimentar con la técnica, y menos con un cronómetro que se cierra solo.

Si se cae la conexión

Hay una regla que conviene conocer antes de necesitarla, porque cambia la reacción correcta ante un problema técnico: en caso de incidencia individual las respuestas ya marcadas se conservan durante quince minutos, y el examen puede retomarse desde cualquier dispositivo con conexión y cámara. Ni hay que empezar de cero ni hay que dar la prueba por perdida.

Lo que sí hay que evitar es gastar esos quince minutos en pánico. Reconectar, seguir y dejar la reclamación para después: las incidencias generales las resuelve la Comisión Evaluadora oído el criterio técnico, y esa no es una decisión que se tome durante el examen. Los detalles del entorno técnico están en cómo funciona el examen online.

Es a libro cerrado, aunque sea desde casa

Están prohibidos textos legales, manuales y cualquier dispositivo de apoyo, además del auxilio de otra persona, y la webcam permanece activa. Practicar consultando el código entrena una habilidad que no vas a poder usar y da una lectura falsa de tu nivel.

Leer el enunciado completo antes de las opciones

Suena obvio y se incumple sistemáticamente bajo presión. En preguntas jurídicas el matiz suele estar en una condición del supuesto —un plazo, una fase procesal, quién actúa— y quien salta a las opciones ya ha decidido por qué camino leer el caso.

La otra mitad de la misma disciplina es leer las cuatro opciones antes de marcar, aunque la primera parezca correcta. En un test con penalización, dos opciones plausibles y una correcta es el diseño habitual, y la diferencia entre ellas suele estar en la última que se lee.

Qué medir en cada simulacro

Tres cifras, no una: cuántas respondiste con seguridad, cuántas dudando y cuántas dejaste en blanco. Las dudosas acertadas son la señal más útil, porque marcan material que parece sólido y falla bajo presión. Y las blancas donde podías haber descartado una opción son puntos regalados.

Preguntas frecuentes

¿Conviene arriesgar en un test con penalización?

Sí, siempre que puedas descartar al menos una opción: la esperanza matemática pasa a ser positiva. Si no descartas ninguna, es mejor dejarla en blanco.

¿El tiempo sobrante de la primera parte pasa a la segunda?

No. Los dos bloques tienen tiempos separados, de modo que terminar antes el primero no da minutos extra en el segundo.

¿Hay que contestar las preguntas de reserva?

Sí. Solo puntúan si se anula alguna pregunta, pero no cuestan penalización adicional y son la red de seguridad cuando eso ocurre.

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Fuentes oficiales

Verificables en el «Boletín Oficial del Estado» y en el portal del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes.

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